«enamorarse» y «querer»; no hablemos de amar, eso es algo muy complicado…
Ansiedad, miedo, indecisiones, nervios, pérdida de la noción del tiempo, dudas e ideas muy locas…
Al término de la primera parte de la película de aquel vejestorio pero tradicional cine, fue el momento preciso: mientras yo veía fijamente la pantalla en negro (no sé porqué), la tomé de la mano: mis manos eran pequeñas fuentes de agua, sudaban sin parar; volteaba temporalmente hacia ella, y, ahí estaba: tímida, la mirada fija, nuestras manos entrelazadas, su cabello por encima de su oreja, y sus labios inquietos… ¡Ahí! Tenía que hacerlo.
