Cariño, apaga las luces; sólo no escondas ese destello de la luna. Solo me acercaré a ti, te susurraré a tu oído lo tan magnífica que eres, acariciaré tu pelo, y cada parte de tu cuerpo como… como alguien toca un algodón cuando cura alguna herida; te miraré a los ojos y haré que pienses que eres muy bella, pues, ¡lo eres! Permíteme acercarme a tus labios y después… cariño, después yo prendo las luces.
