Daba mil vueltas, tenía que irme, pero ¡seguía dando vueltas! Me aseguraba de que no llegase nadie, y así fue; entonces estaba tan, tan nervioso que empecé a dudar de hacerlo… Me acerqué a ella y la besé, me besó, nos besamos.
Hay algo que no puedo negar, omitir o relegar: cuando me acerqué a ella, un prestigio de aroma llegó a mi hipocampo, es como si mi zona cortical dijese: ¡Ey! ¡Dame más! Esa fragancia era una increíble combinación de una muy buena destilación de flores, plantas y hierbas…
