Ojo: lee éste texto escuchando a Dexter Gordon
07 de Diciembre, 1963.
Lo de siempre: el mismo bar, la misma banqueta frente a la barra, el mismo saco puesto, el mismo sombrero del mismo lado, el cigarrillo de la misma marca, el mismo álbum de Dexter Gordon; sólo que, ésta vez con un whisky, hace demasiado tiempo que no lo bebía… Hacía mucho frío, era inevitable no pedir más de 2 o 3 tragos; me entraba la inquietud de saber si aquél señor de barba decrépita y abandonada, sentado en la misma esquina, la misma mesa y la misma silla, se movía siquiera para ir al baño, pero, después me hice la pregunta: ¿por qué demonios me concentraba en eso? Era un pensamiento muy banal. Eran las 07:47 de la noche, ¡ninguna persona entra a esa hora a un bar! Y sí, ninguna entra. Pero, esa mujer… esa mujer que pasó aquella puerta de vaivén, no era cualquier persona. ¡¿A quién buscaba?! ¿A su esposo? ¿Venía a pedirle a alguien que moviese su carro para poder salir de aquél típico problema de estacionamiento? ¿Venía por alguna servilleta para limpiarse sus zapatos? ¿Venía por un… trago?… ¡Venía por un trago! Vestida con ese escote en forma de corazón y de hombros descubiertos, con esa falda estrecha, y con esos zapatos de color rojo. Pareciese una modelo de pin-up. Se acercaba lentamente (bueno, por lo menos así yo lo vi) hacia la barra, ¡se acercaba hacia mi! ¡Venía por mi! ¡Venía a que yo le invitase un trago! (Bueno, en ningún momento me vio, pero, ¡se los juro! ¡pareció que si fuese así!). Se sentó a mi lado y pidió un whisky, ¡del mismo que yo pedí! A lo mejor, era lo mismo de siempre, es decir, a lo mejor iba a otros bares y pedía ese mismo tipo de whisky. Sacó un cigarrillo (no me lo van a creer) de la misma marca que yo estaba fumando, a lo mejor, era el mismo de siempre, es decir, a lo mejor iba a otros bares y fumaba un cigarrillo de esa misma marca. Pasó el tiempo y pidió el mismo número de tragos de los que yo llevaba; yo no la miraba fijamente, pero, miraba a través del espejo (los cuales suelen encontrarse por detrás de la barra de los bares) que me volteaba a ver, y ¡les puedo volver a jurar! No era cualquier mirada… Bueno, a lo mejor, era la misma de siempre, es decir, a lo mejor iba a otros bares y miraba de la misma forma a otros hombres… ¡Me animé! ¡En cualquier momento se iría! Volteé a verla muy lentamente y le pregunté: «¿Eres de por aquí?» y (no me lo van a creer) ella contestó de una forma muy pesada y cargante : «Aquí trabajo, ¿gustas otro trago?» Sí, era la mesera. Maldito whisky.
