Como cuando un cachorro se siente perdido y confunde el camino a su casa, y posteriormente, no lo encuentra; cuando una hormiga no percibe las feromonas de alguna compañera suya; cuando un niño juega en el supermercado y no encuentra a su madre; cuando una pareja deja de observarse, hablarse, y tocarse de la forma en la que lo hacían antes.
Mis pies ya no tienen un rastro que seguir, mis manos ya no tienen cabello ni rostro que acariciar, mis oídos ya no tienen una voz sutil que escuchar, mi nariz ya no tiene un perfume corporal que oler, mis ojos ya no tienen un cuerpo que admirar, y ¿mis labios? Dejémoslo así; mi cerebro ya no tiene palabras que comprender, nuevos gustos musicales que escuchar, siquiera frases como: «Estoy bien», «vamos a donde tú quieras», «¿se me ve bien éste vestido?», «no tengo nada que ponerme», «estoy lista en cinco minutos», «no estoy enojada», «¿estoy gorda?», «todos los hombres son iguales», «sólo voy a mirar, no voy a comprar nada».
Me siento perdido cuando una bella mujer me mira…
