«Observo y callo»

Y ahí estás, sentada, con una pose un poco peculiar, tu brazo sostiene tu barbilla, y tu pelo vuela hacia el este; ahí estás, sentada en una fuente de agua que al parecer lleva mucho tiempo sin ser usada, con una estructura un poco colonial y descuidada a la vez, pero, no vengo a hablar de una fuente, vengo a hablar de ti, me gusta hablar de ti, me gusta escribir para ti, aunque mis letras no sean tan directas.   Tu cuerpo lleva por encima un hermoso vestido blanco, un hermoso vestido blanco con corte imperio, esencial para alzar el busto, al igual que dar más altura, y ahora bien ¡no se diga más mujer! Con esa cadera tan ancha ese corte es el ideal; tus uñas, un toque de esmalte blanco; tu cuello, un hermoso collar que cuelga hasta tu pecho; tu cara, tu cara lleva por encima un poco de maquillaje que, para ser sincero, no lo necesitas, no necesitas «perfeccionar» esa belleza; y tu mirada, lo mejor aquí es tu mirada, no una mirada cualquiera, no es una mirada que das cuando ves a alguien que te gusta, no es una mirada cuando ves algo que no habías visto desde hace mucho tiempo, no es una mirada que refleja amor, ni tristeza; no es una mirada que das cuando ves algo asqueroso, o bonito, o sencillo, o impresionante… No, no es nada de eso; tu mirada refleja cansancio, estás cansada, ¡harta! Pero hay algo, hay algo que detiene a separarte de ese cansancio y no sabes si es correcto alejarte de eso, sabes que te daña, que te hiere, pero, también sabes que te alimenta, te hace suspirar, te hace sonreír, te hace feliz.   Y ahí estás, sentada… Yo, sólo observo toda esa gama de colores que tu cuerpo emite, que de tu cuerpo surgen, yo sólo observo y aprecio todo lo que te rodea, lo que te hace ser tan tú, yo sólo observo… observo y callo.

Deja un comentario

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar