«Vaya cordón»

Llegaría tarde, pues había demasiado tráfico y el taxi que cogí dejó pasar a todo un desfile de  carnaval que mágicamente en ese momento tenía que pasar. Llegué y, ahí estaba yo, era una boda elegante, muchísima gente, demasiada diría, la pareja era muy reconocida por esos lugares, muy buenos amigos míos; iba con un traje espectacular, unas mancuernillas de color negro (que, por poco se me olvidan) al igual que los zapatos, unos tirantes y un moño que había conseguido a un precio demasiado accesible pero que combinaban perfectamente con mi atuendo. Tranquilamente tomaba una copa de vino un tanto seco, muy bueno a gusto de otras personas; lamentablemente no conocía a nadie, sólo a la pareja recién casada, anduve por ahí caminando para lograr ver qué bocadillo se me antojaría, sólo tenía un pequeño problema en el zapato izquierdo, el cordón se desabrochaba a cada momento; en fin, llegué a ese bocadillo que tanto me llamaba la atención, un tipo de pan relleno de chocolate y con un poco de menta, tenía un sabor extraño pero deleitante, y fue en ese momento, en ese preciso momento, ¡no en otro! Fue en ese momento que me encontré con una mujer muy, y permítanme insistir, muy sencilla y elegante a su vez, no la describiré, se los dejo a su imaginación… Me acerqué a ella diciéndole: «apuesto a que éstos bocadillos no los encuentras en otro lugar». Ella respondió: «Apuesto a que no, yo inventé esa receta, yo los hice». En ese momento pensé que tenía una razón más para interesarme en ella, ¡los bocadillos! «Vaya, tienes muy buen gusto» -Dije. «Bueno, al parecer tu tampoco, al parecer te soy atractiva» -Ella mencionó. Muy modesta de su parte, pero, tenía razón y eso la hacía ser aún más atractiva, fue una noche larga, platicamos durante toda la boda; después de un largo tiempo y de unas tantas copas de vino, éramos los últimos, además de la familia de los novios, y esos niños que se quedan dormidos en las sillas de la mesa familiar.   Decidimos irnos, ir a algún lugar un poco más solitario; nos despedimos y tomamos camino al hotel, al parecer ella se hospedaba donde mismo que yo… Cortemos la historia hasta donde ella y yo nos quitamos prenda tras prenda; rodeaba su cuello con besos largos mientras yo quitaba su blusa lentamente y mi mano rozaba todo su brazo, pero no tengo que contarles detalles, lo interesante de todo ésto, lo más importante de todo ésto es que si el taxi no se hubiera parado para darle el paso a toda ese desfile que pasaba de noche, si no me hubiese regresado por mis mancuernillas, si no me hubiese estado abrochando a cada momento mi cordón, no hubiese conocido a esa espectacular mujer.      Pero, el hubiese no existe, ni esa historia; cuando estaba a punto de besar a esa mujer en sus labios… ¡desperté! Un joven que no tiene amigos ricachones, ni un traje, ni mancuernillas de color negro, y que nunca probará esos bocadillos; pero, tranquilos ¿saben que si tengo? Un zapato que a cada momento se desabrocha.

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