Estar a punto de mirarte aún más cerca de lo que nos pensábamos que nos limitaba, sentir una, dos, tres, exhalaciones seguidas entre mi boca y mi nariz, y sentir después que no lo haces, no sé si es porque tenía mal aliento o porque te he dejado sin el; estar a punto de tocar nuestros labios y ver o sentir como unos labios, o incluso los de los dos están mojados de saliva por pensar que unos segundos después nos besaríamos. Estar a punto de tocar nuestros cuerpos desabrigados después de haber pasado un momento un poco incómodo pero un tanto gracioso, bueno, por lo menos intenté que fuese así después de haber tardado en tu sostén al pensar que el broche lo tenía por detrás. Ver una mirada de nervios, miedo y pena por creer que una mancha natal puede hacer menos un cuerpo, quitar tu vestimenta baja con mis dientes jugando a ser un perro y haciendo ladridos extraños, jugando a ser día y noche, sol y luna, verano e invierno, cielo y tierra, calor y frío, geométrico y floral, lo que retrocede y lo que avanza, algo que se complementa… algo que nos complementa. Estar a punto de creer que esa noche fue cierta, pero no, aún sigo aquí, creo que mis «sueños eróticos» han disminuido de cierto nivel de exageración. Con el tiempo, un psiquiátrico no está del todo mal después de todo.
