«Sí pero no»

No acostumbro hacer ésto pero estoy en clase escribiendo ésto, yo sé que no es correcto, pero ¡venga! ya estamos a final de semestre y siempre pongo atención, bueno, la mayoría de veces, un 90%… está bien, un 89%; en fin («respondía con evasivas y si insistían decía:»), te escribo, te escucho, te pienso, te imagino y te veo todos los días, eso es lo raro, me dices que ya no fume, pero eso es aún peor, que te veo mientras fumo, el gato de Schröndinger se volvería loco si escuchara lo que pienso, no sabría si mis ideas están vivas o muertas pero («desde que vivía con Teresa su actividad erótica trataba con dificultades organizativas»), no trato de resolver ese problema o esa cuestión, sólo trato de llevarme por el límite de mis decisiones; recuerdo tantos, tantos, tantos momentos que no se olvidan, palabras, noches, abrazos de cuchara, masajes. Ahí, estás ahí y caminas y te escucho y te escribo y te escucho, escucho al fondo una canción que grito por saber cual es pero ya no puedo hacerlo. El miedo sigue ahí, el miedo a decidir después de haber decidido («¿qué buscaba en ella? ¿Qué era lo que lo llevaba hacia ella? No es el acto amoroso de eterna repetición de la misma, no, siempre queda un pequeño porcentaje inimaginable»). Si te pienso pero no lo digo, si te escribo pero no te menciono, si te veo pero no, si te quiero pero no, si te deseo pero no, si pero no, deseo tanto, tengo (ganas) tanto, tanto, tanto.

Deja un comentario

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar