Aceptamos el amor que creemos merecer. Ahora lo entiendo, ahora lo comprendo, me siento sabio, me siento inteligente, me siento feliz. Me sentía poderoso, sentía que nadie podía hacerme nada si estaba a tu lado, creía haber conocido los límites del cosmos, creía haber tenido todo el conocimiento existente de éste mundo, de nuestros límites; creía saber de que forma actuar ante cualquier adversidad; creía ser el hombre más caballero; creía saber hacerte tu café por las mañanas; creía saber hacerte el amor sin siquiera desnudarnos; creía decírtelo todo con solo mirarte; creía sentirme poderoso; creía ser tu árbol de dónde tomabas el fruto para alimentarte; creía ser el mejor cocinero aunque las quesadillas se me quemaran, creía ser el mejor cocinero aunque me gastaba todo el aceite en cocinar un solo alimento; creía saber sonrojarte con solo sonreír; creía hacerte sudar con solo tomarte de la mano; creía saber exactamente hasta que punto te hartaba; creía haberte enamorado; apostaba en creer haberte hecho olvidar… pero, estamos aquí por muchas razones, la primera de ellas, creo yo, buscar nuestra felicidad ajena después de encontrar nuestra felicidad propia. Mi felicidad ajena estaba en ti, la tuya no, tu felicidad ajena estaba en alguien más, y ahora lo entiendo, y ahora te agradezco, y ahora… no te olvido, te comprendo: aceptamos el amor que creemos merecer. Ahora lo entiendo, ahora lo comprendo, me siento sabio, me siento inteligente, estoy feliz.
