Un abrazo ha sido el mejor rescate para aliviarte, para aliviarme. Mi ignorancia, mi estupidez y mis «agallas», han sido el obstáculo que no me han permitido seguir pensándote día a día. Ante la naturaleza de tu tacto, de tu olor y de tu perfecto encaje de tus brazos rodeando mi cuerpo, puedo decir que, soy aquella cuerda de guitarra que está dispuesta a ser acariciada, aquella mirada que desea ser descifrada, aquella carta que desea ser leída, aquellos pies que desean ser rascados, aquella fosa del codo que desea ser untada, aquel lunar pélvico que desea ser besado, aquella mancha de acuarela que desea ser vista.
El cielo llora cuando ve pasarte por la calle, está buscando su nube para dar por primera vez el destello que todo mundo ha despreciado, desea seguir el camino de la misma, pero, no puede, la nube se va… y aparece otra. Aparece otra que es feliz con su destello, y se va. Y aparece otra, pero, el cielo no quiere nubes pasajeras, nubes amantes, no quiere ser un juego climático, el cielo exige su tormenta, exige su caos, exige alguien con quien destruir, con quien arrasar; para tiempo después, ser la causa de la prosperidad.
El éxtasis de placer no desea ser habitado ni explorado, no desea permanecer constante. El éxtasis de placer desea rugir las entrañas, respirar los pulmones, comerse el estómago, reproducir el sexo, razonar el encéfalo, escuchar los oídos, ver los ojos, tocar las manos, probar la lengua… tomar el corazón. Mi éxtasis, mis sentidos, mi razón y mi emoción desean ser tu biblia y tu grimorio.
