«La incapaz memoria de mis sentidos»

Conozco la forma de tus pies, tu piel cubre tu cuerpo al igual que cuando una gota de agua cae lentamente al sudar o al bañarte. Conozco la fuerza de tus piernas para emprender la carrera más larga, que se haya creado en la historia del atletismo. Conozco la forma de tus caderas, al igual que aquél hombre, que se imagina las caderas de una cantimplora de agua, a punto de morir de sed. Conozco tu sexo. Conozco tu ombligo para depositar mi cabeza en tu vientre, en la misma posición exactamente, todos los días; tu ombligo que lleva el cosmos en sí mismo, la galaxia, y sus células que giran alrededor de tu centro. Tus pechos que construyen las laderas perfectas para seguir el camino hacia el pico, en donde, me encontraré congelado ante el frío que obtienen, por ser las partes más sensibles de toda nuestra velada. Conozco tus hombros, que caen al igual que la balanza de Dicea. Tu venda, cubre tus brazos de los estímulos enviados por tu cerebro, al defenderte de otro ser humano incapaz de reconocerse a sí mismo. Tu espada, es tu espalda que resguarda el aleteo de tus costillas, para que tus pulmones se expandan. Tu misma eres justicia, la juez de tus decisiones. Conozco tus manos hasta llegar al punto de enamorarme de la rutina, pues conocen el mismo camino para que mi velada llegue a su fin. Conozco la geometría de tu cara y el olor de tu cuerpo. Conozco minuciosamente cada parte de tu cuerpo, pero, no te conozco aún. Reconozco tu movimiento, pero no tu pensamiento.

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