«¿Nos vamos?»

Quiero escribir. Quiero escribirte. Quiero y quiero y mientras más pasa el tiempo, te quiero aún más. Te quiero a mi lado, pero ¡oye! No pienses que deseo una forma de manipulación ni de control. Sólo quiero saber qué se siente estar a tu lado. ¿Qué pasaría si nos mantenemos en silencio por unos minutos? Así, sin decirnos nada, sin decirnos. Sin decir: nos.


Siempre me ha sorprendido la forma en que la imaginación inventa o crea historias que realzan el ego de uno o una misma. Y, cada vez que llega ese momento, lo único que quiero hacer es decirte palabras sin sentido que creen un sentido al decirlas. Algo como: 
«Me enamoré, perdí. 2-0. Así que corrí, me encontré con tus grandes ojos, no, en serio, grandes ojos. Ahí, me miré, es decir, te miré, pero, me miré. En tus ojos. Los míos. Y nunca funcionó, eso que aprendí en algún momento, nunca funcionó, no me sirvió de nada ser «caballeroso» (eso ya no existe), ni atento, ni amable, ni gracioso, ni… no sé. No sirve, no ahora, no lo quiero. Nani te, kini, kena kala. Así, indescriptible, inexistente quizá, pero intencionado. Un coqueteo, bueno, dos. Después sonrío y me quiero ir. Quiero correr, pero después regresar corriendo al lugar en el que estaba sentado, escuchándote, escuchando tus ojos, tus manos, tus labios. Es que, a ver, dejémonos de mamadas, bueno, me dejaré de mamadas. Es como un reflejo de la luna en un lago. Puedes tener la luna en tus manos, sobre tus manos, mientras que el agua cae sobre ellas, pero sabes que se irá. Es decir, ¿Cómo lo digo? ¿Cómo digo? ¿Un solo beso o una caricia o una mirada y guardar la charlatería para otro día? No, mejor algo así como un… 


Vámonos.
Después regresamos por un esquite, o por tortillas hechas a mano, o simplemente por tortillas. Después regresamos por un tejuino con nieve de limón. O por un raspado de tamarindo. Bueno, por un pulque de la Paloma Azul. O por un tequila blanco. ¿Te imaginas? Por unas lentejas con plátano frito. O por una salsa de molcajete, o por un guacamole con tantita sal, chilito y limoncito. Después regresamos, pero, vámonos.


¿Nos vamos?

Deja un comentario

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar