«Morena»

Ey! morena: eres la persona más sexy, la más atractiva, eres un cóctel de chocolate y algunos pétalos de rosa; no trato de discriminar a la piel blanca ¿sabes? pero, ¡mujer! ¡la vida no tiene sabor sin café! Coral, verde, naranja, o algún tono pastel, y… no se diga del blanco, cuando te pones ese vestido blanco, eres la mejor combinación de un toque elegante, sofisticado, sensual y fresco. Eres la envidia total de toda empresa portadora del chocolate.   Eres esa pequeña receta secreta, esa pequeña pero deleite receta secreta. Un placer del ánimo y de los sentidos.

«Cariño, apaga las luces»

Cariño, apaga las luces; sólo no escondas ese destello de la luna. Solo me acercaré a ti, te susurraré a tu oído lo tan magnífica que eres, acariciaré tu pelo, y cada parte de tu cuerpo como… como alguien toca un algodón cuando cura alguna herida; te miraré a los ojos y haré que pienses que eres muy bella, pues, ¡lo eres! Permíteme acercarme a tus labios y después… cariño, después yo prendo las luces.

«Un primer beso…»

«enamorarse» y «querer»; no hablemos de amar, eso es algo muy complicado…


   Ansiedad, miedo, indecisiones, nervios, pérdida de la noción del tiempo, dudas e ideas muy locas…


   Al término de la primera parte de la película de aquel vejestorio pero tradicional cine, fue el momento preciso: mientras yo veía fijamente la pantalla en negro (no sé porqué), la tomé de la mano: mis manos eran pequeñas fuentes de agua, sudaban sin parar; volteaba temporalmente hacia ella, y, ahí estaba: tímida, la mirada fija, nuestras manos entrelazadas, su cabello por encima de su oreja, y sus labios inquietos…    ¡Ahí! Tenía que hacerlo.

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