Él, pregunta. Él, sube. Poco a poco, disfrutando de un lugar de privilegios y de poder, de manera insistente e incesante. Él, termina en el último piso de una empresa rodeado de oro chapado por las paredes, al lado de sus más fieles acompañantes, afines al envejecimiento y al añejamiento, su champán y su puro. Terminando sus días preguntándose qué es lo que hizo de su tiempo al final de su vida.
¿Nazco o aprendo a ser hombre?
Se lo pregunta aquél que construyó una pared imposible de escalar, pero sí de romper. Y así, él, muere. Preguntándose lo que pudo ser si hubiese, preguntándose lo que pudo hacer si hubiese, preguntándose lo que pudo tener si hubiese…
Recordando una nota de un periódico, de un libro o de un artículo… la verdad es que no lo recuerda, empieza a ser borroso, sus ojos empiezas a cerrarse. Decía algo así: ¿Cómo habría sido un mundo en donde Napoleón les gana a todos? ¿Qué hubiera ocurrido si la Alemania Nazi hubiese derrotado a la Unión Soviética? ¿Y si John Kennedy hubiese vivido? ¿Y si…? ¿Si la humanidad pudiese reencarnar, -piensa- yo, yo…
Y ahí, junto con él, se va una gran vasija llena de egolatría, altanería y narcisismo.
¿Por qué o para qué transformarme?
Para dejar de ser un hombre que se repite constantemente, para conocer un mundo que no he explorado aún.
¿Por qué o para qué transformarme?
Para dejar de ser un hombre que se repite constantemente.




