Desde el primer momento en el que me veas no pares, y mírame fijamente hasta que muera de nervios y mi mente empiece a funcionar preguntándome porque alguien le interesaría observar tal fenómeno de la Naturaleza. Con el tiempo háblame y lléname de todas esas ideas sin hacer, de todos tus éxtasis y de todas tus decepciones, llena mi cabeza de toda esa información. Tócame hasta que conozca detalladamente cada poro de tu piel, hasta que pueda conocer perfectamente como aprecias, hasta poder sentir que tengo tu mano sobre mi hombro o sobre mi cara sin siquiera tenerla. Mírame hasta que pueda saber decir de que color son exactamente tus ojos. ¡Grítame! hasta que pueda saber cual es el tono más alto que pueda alcanzar tu voz. Llora hasta saber en que momento tu cuerpo ya no pueda soltar ni una lágrima más. Sonríe hasta que pueda saber que estás loca por éste pequeño pedazo de humano. Empieza con eso y termina yendote, para así saber hasta en que momento me haces falta.
«Ebrio»
Lleno, ansiado; me llenan tus besos sabor a naranja y tequila blanco por la mañana, no necesito de algún alcohol si tu mismo cuerpo me lo da, ¡embriagante! Me podría pasar la noche entera en la barra de tu estómago, en los copas de tus pechos, en la música de tu mente, en las peleas de tu pelo, en las bebidas de tus ojos y en la barman de tus manos. La resaca sería un momento tan lleno para poder justificar el hecho de volver a estar contigo y volverme a embriagar de ti. ¡Ebrio! ¡Ebria! ¡Embriaguémonos! Tu alcohol es tan refrescante como el agua de mar, y tan necesario como un vaso de agua, permíteme quedarme dormido en tu lugar, permíteme que me despiertes para empezar un nuevo día, un nuevo día donde volvamos a tomar juntos, donde volvamos a vivir, llorar, reír, creer, imaginar y morir juntos, y así, permíteme de nuevo volver a comenzar. Y si no me acompañas algún día no te preocupes, no hay mejor sabor a tequila que el sabor de tus besos, besos sabor a naranja y tequila blanco.
«Desordéname la vida»
Ven, toma mi sueño, haz que me levante más temprano y más tarde de lo que hago; toma, mi cama, haz que duerma en el suelo y a veces en una superficie de lana; mi ropa, haz que me ponga mis zapatos en mis brazos, mi pantalón en la cara y mi camisa en las piernas, e incluso déjame sin vestir; mi tiempo, haz que llegue tarde a clases y que en algunas ocasiones llegue 1 hora antes, que no coma a mis horas y que a veces coma las 5 comidas necesarias al día, que no me tome mi café a la hora que lo hago, que lo tome en la madrugada y que lo tome cuando esté agonizando de nerviosismo, insomnio o taquicardia, que me quites mis cigarrillos y en ocasiones me acompañes a fumar; mis libros, haz que lea todo tipo de literatura, y en otras permíteme leerlas en tu cuerpo; mis miedos, tómalos, haz que nade en lo profundo del mar y que tenga como mascota algunos bichos; tengamos sexo todos los días y en otros hagamos el amor; haz que ofenda a nuestro gobierno y en otras, déjame volver a insultarlo, no hay razón para respetarlo; dejemos morir a las plantas y en otras plantemos un número infinito de árboles; matemos a alguien y después revivamosla vendiendo nuestras almas; toma mis manos y haz que toque lo intocable; tomas mis pies y haz que camine donde nadie a caminado; mis ojos y haz que vea lo que nadie a visto; mi sentido del gusto y haz que pruebe lo que nadie a probado, miz letraz, y has que ezcryva vien. Toma mis versos y haz que sean para alguien más; vete y después regresa, miénteme y dime la verdad, destrúyeme y después constrúyeme, y si no lo quieres hacer, déjame así, esperando a que alguien más le interese éste rompecabezas. Desordéname y después, déjame desordenarte a ti. Desordenemonos juntos y arreglemonos en otro universo paralelo. Mátame y no me revivas, te espero en el purgatorio.
«Vaya cordón»
Llegaría tarde, pues había demasiado tráfico y el taxi que cogí dejó pasar a todo un desfile de carnaval que mágicamente en ese momento tenía que pasar. Llegué y, ahí estaba yo, era una boda elegante, muchísima gente, demasiada diría, la pareja era muy reconocida por esos lugares, muy buenos amigos míos; iba con un traje espectacular, unas mancuernillas de color negro (que, por poco se me olvidan) al igual que los zapatos, unos tirantes y un moño que había conseguido a un precio demasiado accesible pero que combinaban perfectamente con mi atuendo. Tranquilamente tomaba una copa de vino un tanto seco, muy bueno a gusto de otras personas; lamentablemente no conocía a nadie, sólo a la pareja recién casada, anduve por ahí caminando para lograr ver qué bocadillo se me antojaría, sólo tenía un pequeño problema en el zapato izquierdo, el cordón se desabrochaba a cada momento; en fin, llegué a ese bocadillo que tanto me llamaba la atención, un tipo de pan relleno de chocolate y con un poco de menta, tenía un sabor extraño pero deleitante, y fue en ese momento, en ese preciso momento, ¡no en otro! Fue en ese momento que me encontré con una mujer muy, y permítanme insistir, muy sencilla y elegante a su vez, no la describiré, se los dejo a su imaginación… Me acerqué a ella diciéndole: «apuesto a que éstos bocadillos no los encuentras en otro lugar». Ella respondió: «Apuesto a que no, yo inventé esa receta, yo los hice». En ese momento pensé que tenía una razón más para interesarme en ella, ¡los bocadillos! «Vaya, tienes muy buen gusto» -Dije. «Bueno, al parecer tu tampoco, al parecer te soy atractiva» -Ella mencionó. Muy modesta de su parte, pero, tenía razón y eso la hacía ser aún más atractiva, fue una noche larga, platicamos durante toda la boda; después de un largo tiempo y de unas tantas copas de vino, éramos los últimos, además de la familia de los novios, y esos niños que se quedan dormidos en las sillas de la mesa familiar. Decidimos irnos, ir a algún lugar un poco más solitario; nos despedimos y tomamos camino al hotel, al parecer ella se hospedaba donde mismo que yo… Cortemos la historia hasta donde ella y yo nos quitamos prenda tras prenda; rodeaba su cuello con besos largos mientras yo quitaba su blusa lentamente y mi mano rozaba todo su brazo, pero no tengo que contarles detalles, lo interesante de todo ésto, lo más importante de todo ésto es que si el taxi no se hubiera parado para darle el paso a toda ese desfile que pasaba de noche, si no me hubiese regresado por mis mancuernillas, si no me hubiese estado abrochando a cada momento mi cordón, no hubiese conocido a esa espectacular mujer. Pero, el hubiese no existe, ni esa historia; cuando estaba a punto de besar a esa mujer en sus labios… ¡desperté! Un joven que no tiene amigos ricachones, ni un traje, ni mancuernillas de color negro, y que nunca probará esos bocadillos; pero, tranquilos ¿saben que si tengo? Un zapato que a cada momento se desabrocha.
«¡Quiero enamorarme!»
¡Quiero enamorarme!; verte por primera vez y sentir que cada átomo de mi cuerpo, explota, se eriza, se vuelven vulnerables a ti;¡Quiero enamorarme! Hablarte por primera vez y sentir que cada palabra que menciono es un juego sin fin, un rompecabezas sin armar, son palabras sueltas al viento; ¡Quiero enamorarme! Escucharte por primera vez y sentir que cada hermosa nota que surge de tu boca es la canción más linda y espléndida jamás escuchada; ¡Quiero enamorarme! Tocarte por primera vez y sentir que mi mano es una llave descompuesta que tira impetuosamente agua sin tener fin; ¡Quiero enamorarme! Despedirme de ti y creer que he sido un tonto por la forma en la que me presenté, pero también, la persona más afortunada, pues, si, ¡si! ¡Tuve la oportunidad de conocer a una auténtica musa!; ¡Quiero enamorarme! Tener nuestra primera cita, escucharte y así lentamente viajar a un mundo desconocido el cual me proporcionan tus ojos, dejando de escuchar lo que mencionas, pues ¡¿Cómo puedo realmente concentrarme en lo que dices si, hay frente a mi una mirada fija, fuerte, apasionada, suave, libre, ¡intensa! Una mirada teñida de colores que dispara hacia mi?! ¡Dime! ¡¿Cómo?!; ¡Quiero enamorarme! Besarte, sentir y creer que no hay un beso semejante que pueda superar los límites que rompen tus labios. Quiero contarte todo, conectarme contigo, atontarme por ti, creer que eres la persona más maravillosa del mundo, decir: es que, ¡ella es perfecta! Quiero morir por ti.
¡Quiero enamorarme y después…! Quiero dejar de hacerlo. Quiero desenamorarme. Para así, comenzar a amarte.




