Apenas el amaba el poema, a ella se le agolpaba el corazón y caían en murmullos, en salvajes vinos, en sustancias exasperantes. Cada vez que el procuraba reclamar las incompletas, se enredaba en un gremio quejumbroso y tenía que evolucionar de cara al nuevo, sintiendo como poco a poco las carillas se evolucionaban, se ibanSigue leyendo ««68»»