Daba mil vueltas, tenía que irme, pero ¡seguía dando vueltas! Me aseguraba de que no llegase nadie, y así fue; entonces estaba tan, tan nervioso que empecé a dudar de hacerlo… Me acerqué a ella y la besé, me besó, nos besamos. Hay algo que no puedo negar, omitir o relegar: cuando me acerquéSigue leyendo ««Fragancia somática»»