«Puertas»

Sólo te miro ahí, de pie, y todo lo demás se convierte de color gris, todo, absolutamente todo, los brazos desnudos de una mujer que la parte de su vestido no cubren, los pantalones de vestir de algún caballero, los moños, las corbatas, e incluso las zapatillas relucientes de alguna dama; pero ahí están tus labios, unos labios pintados de color rojo, ni otras partes de tu cuerpo se colorean, incluso ni tus ojos, sólo están tus labios. Una entrada, dos curvas, un beso, un mundo, un roce, una caricia, un sabor, frío o calor. Curiosa, curiosa la forma en que los muerdes, en la que hablas y aún más en la que sonríes, no creo tener un par de juegos perfectos que no sean esos cantos o aristas. Sólo los miro y espero, espero un momento, aprecio, suavidad, sutileza y dulzura es algo que gritan tus labios, es algo que dicen sin que se muevan, algo que ya está impuesto en ese color, en ese contexto y texto de cada ranura que los conforman. Son un libro, cada quien los entenderá de otra forma, pero… yo fui quien lo escribió.

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