«Puertas»

Sólo te miro ahí, de pie, y todo lo demás se convierte de color gris, todo, absolutamente todo, los brazos desnudos de una mujer que la parte de su vestido no cubren, los pantalones de vestir de algún caballero, los moños, las corbatas, e incluso las zapatillas relucientes de alguna dama; pero ahí están tus labios, unos labios pintados de color rojo, ni otras partes de tu cuerpo se colorean, incluso ni tus ojos, sólo están tus labios. Una entrada, dos curvas, un beso, un mundo, un roce, una caricia, un sabor, frío o calor. Curiosa, curiosa la forma en que los muerdes, en la que hablas y aún más en la que sonríes, no creo tener un par de juegos perfectos que no sean esos cantos o aristas. Sólo los miro y espero, espero un momento, aprecio, suavidad, sutileza y dulzura es algo que gritan tus labios, es algo que dicen sin que se muevan, algo que ya está impuesto en ese color, en ese contexto y texto de cada ranura que los conforman. Son un libro, cada quien los entenderá de otra forma, pero… yo fui quien lo escribió.

«68»

Apenas el amaba el poema, a ella se le agolpaba el corazón y caían en murmullos, en salvajes vinos, en sustancias exasperantes. Cada vez que el procuraba reclamar las incompletas, se enredaba en un gremio quejumbroso y tenía que evolucionar de cara al nuevo, sintiendo como poco a poco las carillas se evolucionaban, se iban golpeando, irrumpiendo, hasta quedar tendido como el tripie egocéntrico al que se le han dejado caer unas filas de caras. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado, ella se torturaba los hilos, consintiendo en que él aproximara suavemente sus tributos. Apenas se entreplumaban, algo como un unicornio los separaba, los extraía y paralizaba, de pronto era el colchón, la estufa convulcionante de las madres, la jadeante embocadura del orgullo, los premios del orgasmo en una sobrehumana agropecuaria.   ¡Volveré!¡Volveré! Golpeados en la cresta del muro, se sentían balas, tornillos y martillos. Temblaban el piso, se vencían las mariposas y todo se resolvía en un profundo principio, en almas de tendidas gasas en caricias casi crueles que los ordenaban hasta el límite de las risas.

«Placer»

Placer mirarla a los ojos, ¿placer? Locura y cordura, crea tensión en los músculos de su cara, hay libertad, hay cariño, hay sinceridad, hay placer. Hay una combinación muy dulce y agria en sus besos, como un bueno vino puede ser tanto las dos cosas. Hay un sabor seco y asfixiante como un cigarrillo. «Negro como el diablo, caliente como la mujer y dulce como el amor, así como un café debe de ser», decían. Ahora bien, tenga usted piedad de no mirarme, no lo haga, pero en ocasiones tenga usted piedad de hacerlo, fijamente. Dulce, suave, eficaz, seca, sin vida, renacida, mirada tendida, mirada creada, mirada bella, mirada que deleita. Crea y destruye, mata y revive, come y vomita, muere y reviva, muera y revive, crea y destruye, mata y revive; piedad, téngala, y después… béseme.

«Estar a punto»

Estar a punto de mirarte aún más cerca de lo que nos pensábamos que nos limitaba, sentir una, dos, tres, exhalaciones seguidas entre mi boca y mi nariz, y sentir después que no lo haces, no sé si es porque tenía mal aliento o porque te he dejado sin el; estar a punto de tocar nuestros labios y ver o sentir como unos labios, o incluso los de los dos están mojados de saliva por pensar que unos segundos después nos besaríamos. Estar a  punto de tocar nuestros cuerpos desabrigados después de haber pasado un momento un poco incómodo pero un tanto gracioso, bueno, por lo menos intenté que fuese así después de haber tardado en tu sostén al pensar que el broche lo tenía por detrás. Ver una mirada de nervios, miedo y pena por creer que una mancha natal puede hacer menos un cuerpo, quitar tu vestimenta baja con mis dientes jugando a ser un perro y haciendo ladridos extraños, jugando a ser día y noche, sol y luna, verano e invierno, cielo y tierra, calor y frío, geométrico y floral, lo que retrocede y lo que avanza, algo que se complementa… algo que nos complementa. Estar a punto de creer que esa noche fue cierta, pero no, aún sigo aquí, creo que mis «sueños eróticos» han disminuido de cierto nivel de exageración. Con el tiempo, un psiquiátrico no está del todo mal después de todo.

«No ayer ni mañana»

He sentido, he amado, he evolucionado, he querido, he abrazado, he muerto y he vuelto a nacer, y todo eso te lo doy gracias a ti. No he tenido la dicha de poder viajar por el mundo ni de poder probar tantas cosas que el mismo mundo te otorga, pero si he sentido una cosa: He creado un universo nuevo junto a ti. Eres tan bella como un resplendor en tiempo de lluvias, eres tan tranquila como un analgésico en tiempo de enfermedades, eres tan simple como un verso escrito para un viajante o un aventurero, eres tan dolorosa y esperanzadora como una carta de un soldado en plena guerra a su pobre esposa, eres tan curiosa como un juego de aventuras o un juego de mesa o incluso como un papel de rasca o gana, eres tan grande como una marea, eres tan deliciosa como un par de platillos de comida para un vagabundo, eres bella como tal día.    Y ahora te digo, no ayer ni mañana, ahora te digo que gracias a ti he escrito un texto para usted, un texto que no es ni bello, ni tranquilo, ni simple, ni doloroso o esperanzador, ni curioso ni grande, ni delicioso, siquiera bello, un texto que crea tal sentimiento como el que yo sentí por usted.    Y ahora te digo: Morena y a la vez dulce blanca luz, gracias.

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