Sólo te miro ahí, de pie, y todo lo demás se convierte de color gris, todo, absolutamente todo, los brazos desnudos de una mujer que la parte de su vestido no cubren, los pantalones de vestir de algún caballero, los moños, las corbatas, e incluso las zapatillas relucientes de alguna dama; pero ahí están tusSigue leyendo ««Puertas»»